Buscando el like
Circular informativa #13
¡Hola, compis!
Llegamos a ese momento del curso en el que coinciden el final del trimestre y el inicio de la primavera, como si alguien hubiese decidido juntar dos cosas intensas para ver qué pasa. Los estudiantes están más alterados porque hay más luz, más calor, más vida… y nosotras estamos más cansadas porque seguimos aquí, intentando cerrar todo antes de que llegue el descanso.
En medio de todo eso, esta semana he tenido una polémica en redes, uno de de esos momentos que te obligan a parar un poco y reflexionar.
Os cuento: El otro día vi en redes un vídeo de un docente explicando una actividad que había hecho en su clase. Muy vistosa, muy dinámica, muy motivadora a primera vista… pero, al menos desde mi perspectiva, descontextualizada y con un fundamento pedagógico más bien débil.
Y decidí hacer algo que, con el paso de las horas, vi que no era lo más acertado.
Hice una captura y comenté el recurso en mis redes. Sin mencionar al docente, en parte para no poner la cuenta en el foco, y en parte porque yo también caigo en las dinámicas tóxicas de internet.
Podría haber comentado en su publicación. Podría haber generado debate en su cuenta directamente. O podría haber dejado pasar el vídeo.
Pero no. Elegí opinar desde fuera.
Lo retiré al poco tiempo. No porque “me cayese la del pulpo”, como algunos dijeron, sino porque no me pareció que hubiese actuado de la forma correcta. No tanto por lo que pensaba, que lo sigo pensando, sino por cómo decidí decirlo.
Y aquí es donde entra algo que también creo que es importante decir: yo intento hacer ese ejercicio.
Intento aceptar la crítica, aunque no siempre me guste, y pararme a pensar si hay algo que revisar en lo que hago. Y, precisamente por eso, borré el tuit y el story cuando vi en lo que derivaban los comentarios, hablé con el profe y pedí disculpas. No por presión, sino por coherencia con esa idea de que no todo vale a la hora de compartir una opinión.
A partir de ahí me he quedado dándole vueltas a algo que creo que nos toca bastante de cerca.
Porque rápidamente apareció el argumento de siempre: que si los docentes estamos muy desunidos, que si eso es buscar el like fácil, que si criticar es muy sencillo, que si desde fuera todo parece más fácil.
Y aquí viene la parte incómoda:
¿De verdad solo el que critica busca el like?
Porque en redes educativas todos, en mayor o menor medida, estamos en ese juego. El que comparte una actividad busca reconocimiento, el que enseña su aula busca validación, el que muestra un recurso espera impacto. Y no pasa nada por admitirlo. El problema no es querer que lo que hacemos se vea, sino pensar que nosotros no estamos dentro de esa lógica mientras señalamos a otros.
Pero hay algo que me preocupa más que el like fácil.
Cada vez aceptamos peor la crítica.
Nos incomoda, nos molesta, nos pone a la defensiva. Y entonces aparecen las frases que todos hemos oído: “al alumnado le ha gustado”, “en mi clase funciona”, “cada uno que haga lo que quiera”.
Y sí, claro que el alumnado puede disfrutar una actividad. Claro que algo puede funcionar en un contexto concreto.
Pero eso no debería ser el único criterio.
Porque si todo vale solo porque gusta, el listón se queda bastante bajo.
Porque cuando buscamos recursos (y aquí me incluyo) no solo tendríamos que fijarnos en si son atractivos, lúdicos o si “dan bien en cámara”. También tendríamos que preguntarnos qué hay detrás. Qué objetivo tienen, qué aprendizaje generan, qué sentido tienen más allá del momento.
No todo lo que es dinámico es significativo.
No todo lo que motiva en el momento deja huella después.
Y no todo lo que se aplaude en redes mejora lo que pasa en el aula.
Al final, más allá de la anécdota de esta semana, me queda la sensación de que necesitamos revisar no solo cómo hablamos de lo que hacen los demás sino también lo que hacemos. Porque tan importante como tener altavoz es saber usarlo con cierta responsabilidad.
Gente que mola
@maestro.armero Detrás de esta cuenta se encuentra un docente gallego que comparte contenido muy variado: desde reflexiones educativas hasta temas de actualidad, pasando por oposiciones y experiencias reales dentro del sistema educativo. Lo interesante de este perfil es que abre debates, plantea preguntas incómodas y pone sobre la mesa temas que muchas veces comentamos en la sala de profesores, pero no tanto en público.
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Libros que molan
Ultimo viaje en tren, de Emma S. Varela, es de esos álbumes que parecen tranquilos… hasta que te das cuenta de que te han tocado algo.
La historia sigue a Topo García, un revisor que emprende su último trayecto, y desde ahí se construye un viaje que va mucho más allá del recorrido físico. Es un libro que habla de finales, sí, pero sin dramatismos ni grandes discursos. Todo sucede de forma sutil, dejando que sea el lector quien complete lo que no se dice.
Nos leemos en la siguiente circular. Si llegamos.
Con cansancio, sí. Con ganas de que acabe el trimestre, también. Pero aún con margen para pararnos un momento y preguntarnos si lo que hacemos (y cómo lo contamos) realmente suma.
P.D.:
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Ni vi el vídeo ni tu tweet, no tengo esa red social, me eliminé de ahí. Con todo me gusta la reflexión que haces de principio a fin. Mañana es otro día, empecemos de cero. No soy yo muy amiga del “amimefuncionismo” vamos maestra!
Querida maestra:
A este respecto, y viendo tu postura, te ruego que me aceptes esta sugerencia, sin haberla pedido: Se han cometido errores (pero yo no fui) Por qué justificamos creencias ridículas, decisiones equivocadas y actos dañinos. Carol Tavris, Elliot Aronson.
Una completa delicia de principio a fin. Seguro que si no tienes ya respuestas a las preguntas que lanzas hoy, las obtendrás.
Un abrazo prevacacional,
Ana